9 Hábitos de las Personas Inteligentes Emocionalmente

Hoy en dia las organizaciones y empresas serias y de prestigio se fijan cada vez mas no solamente en el curriculum academico de los candidatos o lideres a un cargo sino mas bien en su valor emocional y psicologico. Para ellos el profesional o técnico capacitado debe poder controlarse y controlar a su personal a cargo en todo tipo de situaciones y entornos.  La inteligencia emocional es la característica que marca la diferencia entre las personas felices y las personas amargadas, entre quienes tienen éxito y quienes se pasan la vida deseando el éxito ajeno.
 La inteligencia emocional es la cualidad de las y los mejores líderes, tanto a nivel empresarial como a nivel social.

Porque una persona emocionalmente inteligente se siente a gusto en sí misma, tiene la vida que desea y desea la vida que tiene… y no la cambiaría por ninguna otra; vive rodeada de otras personas positivas y felices y sabe cómo influir en su entorno. 

Hábito 1: Se conocen a sí mismas

Las personas emocionalmente inteligentes se conocen a sí mismas en profundidad. Conocen las emociones que existen, les ponen nombre y las identifican sin dificultad. Saben perfectamente cuál es la diferencia entre la vergüenza y la culpa o entre los celos y el amor.

Son capaces de autoobservarse de forma crítica y objetiva y reconocen sus propios sentimientos en cualquier situación. Saben que lo que dicen y lo que hacen es consecuencia de lo que piensan y lo que sienten… y saben que tienen control sobre todo eso.

Toman decisiones conscientes sobre sus propios pensamientos, de modo que influyen radicalmente en sus sentimientos y esto les permite escoger con responsabilidad sus reacciones, independientemente de las circunstancias. En definitiva, las personas emocionalmente inteligentes se conocen a sí mismas, y esto significa que saben quiénes son y que deciden sobre su identidad y su comportamiento.

Hábito 2: Toman decisiones

Son conscientes de cuáles de sus acciones llevan a qué consecuencias, y saben exactamente qué deben cambiar para modificar los resultados en su vida. No culpan a nadie de sus propios fracasos porque saben reconocer su propia responsabilidad y, en lugar de lamentarse, extraen lecciones que las ayudan a mejorar su desempeño.

Distinguen a la perfección los momentos en que se autogobiernan haciendo uso de su capacidad de razonar de los momentos en que sufren un secuestro emocional que les impide pensar con claridad. Son capaces de imaginar su vida ideal porque ¡saben lo que quieren! Saben qué es importante para ellas y, por lo tanto, siempre priorizan del modo que las hace más felices.

Trazan planes y diseñan proyectos, tanto a nivel personal como profesional, y saben que la única forma de conseguir lo que quieren es tomando decisiones.

Hábito 3: Gestionan sus emociones

Las personas emocionalmente inteligentes gestionan sus propias emociones. Se hablan a sí mismas… pero se hablan de la forma correcta. Escogen conscientemente su diálogo interno para beneficiar a su estado de ánimo.




Comprenden sus propias emociones. Las perciben, las reconocen, las aceptan, y las dirigen. Saben que son dueñas de su vida, y que su felicidad depende únicamente de ellas y de su habilidad para escoger la emoción más constructiva en cada momento.

¡Meditan! Porque conocen los beneficios que la meditación tiene para su salud. Y no sólo los conocen, sino que los experimentan a diario. Gestionan el estrés. Saben cómo evitarlo, cómo deshacerse de él cuando molesta e incluso cómo utilizarlo a su favor.

Y finalmente, dominan el contagio emocional. Es decir, saben cómo influir en el estado emocional de otras personas… por eso las personas emocionalmente inteligentes son tan buenas líderes. Pues bien… estos son los tres primeros hábitos de las personas emocionalmente inteligentes: Se conocen a sí mismas, toman decisiones y gestionan sus emociones. Y ahora tengo una propuesta para ti.

Te propongo un desafío de contagio emocional para que vayas experimentando una pequeña dosis de entrenamiento emocional: Sal a la calle y consigue hacer reír a 10 personas.  Utiliza tus propios recursos para ello. Te aseguro que dispones de herramientas de sobra para conseguirlo. ¿Cómo harás reír a la cajera del súper? ¿O al bibliotecario?  

Sal a la calle y pon a prueba tu habilidad para el contagio emocional.

Hábito 4: Empatizan

Se trata de personas con una facilidad sobresaliente para empatizar con quienes las rodean. Comprenden muy bien los sentimientos ajenos y se mueven por el mundo con unas lentes empáticas a través de las cuales ven realmente en el fondo de cada persona.

Saben que cada ser humano es un mundo en sí mismo, y que lo que a una persona le gusta a otra puede producirle rechazo, o que personas diferentes se sientes de modo distinto ante la misma situación.

Comprenden que el lenguaje emocional no es exactamente universal y que cada persona expresa sus emociones según su propio estilo. Por ejemplo, son capaces de identificar los diferentes lenguajes del amor de modo que su vida en pareja cuenta con esa enorme ventaja.

Son personas intuitivas porque captan las señales emocionales que para la mayoría pasan desapercibidas.

Hábito 5: Abren sus corazones

Las personas emocionalmente inteligentes valoran muchísimo la apertura y la confianza en las relaciones.

Esto no significa que abran su corazón indiscriminadamente, pues también saben que no todo el mundo tiene buenas intenciones y que, con determinado tipo de personas, entregar el corazón es un riesgo que no merece la pena.

Por lo general, sí confían en el ser humano y en la vida en general, y están dispuestas a dar una oportunidad a quienes habitualmente son rechazados.

Además, son personas confiables, pues no tienen necesidad de traicionar ya que sólo se comprometen con las causas que pueden asumir.

Hábito 6: Se comunican bien

La comunicación de calidad es un hábito especialmente característico de las personas emocionalmente inteligentes.

No suelen hablar más rápido de lo que pueden pensar, por lo tanto, a menudo encontrarás la inteligencia emocional en personas con cierta tendencia a guardar silencio.

Son capaces de hablar de sus sentimientos, pero evitan que se convierta en costumbre contaminar a otros con sus problemas, pues saben que las emociones son contagiosas y no tiene sentido enturbiarle el día a quien está feliz.

Estas personas son maestras de la escucha. Reconocerás a una persona emocionalmente inteligente porque la verás haciendo preguntas… muchas preguntas cuando se les está contando algo.

Son conscientes de que los juicios no son la realidad y que ante un desacuerdo o una decepción hay siempre infinitas perspectivas.

No suelen culpar ni recriminar y mucho menos victimizarse, ya que asumen su propia responsabilidad en todo lo que ocurre en sus vidas y saben que los ataques no tienen sentido.

Sin embargo, son personas especialmente asertivas, y reclaman lo que consideran les pertenece.

Pues bien… estos son los tres hábitos de hoy: Empatizan, abren sus corazones y se comunican bien. Y ahora tengo una nueva propuesta para ti.

Te propongo un desafío de comunicación positiva. Si nunca has hecho esto premeditadamente, te va a resultar un poco complicado.

De lo que se trata es de que, a lo largo de todo un día, te comuniques sólo positivamente. ¿Y qué significa esto? Nada de criticar, nada de quejarse, nada de protestar por protestar, nada de contaminar con problemas personales.

Dedica todo un día a sonreír y ser feliz a propósito. Cuando te pregunten qué tal, responde ¡Muy bien! en lugar de relatar tu disconformidad con el clima, tus problemas de sueño y espalda ni tu enfado con tu jefa.

Esfuérzate por transmitir únicamente felicidad. Y te puedo asegurar que descubrirás un nuevo modo, un modo mucho mejor de vivir.

Hábito 7: Resuelven sus problemas

Las personas con una elevada inteligencia emocional resuelven siempre sus conflictos.

Son buenas trabajando en equipo precisamente porque saben que cooperando se obtienen mejores resultados.

Y cuando participan en un grupo de trabajo, identifican perfectamente las fortalezas de cada persona y conocen el modo de obtener de cada una lo mejor que puede dar.

Estas personas siempre juegan limpio. No necesitan hacer trampas para conseguir los resultados que buscan y no suelen meterse en problemas porque siempre encuentran un modo positivo de llegar a su meta.

Son excelentes negociadoras y negociadores y resuelven cualquier situación porque son capaces de profundizar en los intereses personales de quienes tienen alrededor.

Hábito 8: Se aceptan a sí mismas

Las personas emocionalmente inteligentes se aceptan a sí mismas al 100% porque siempre que algo no les gusta de sí mismas, lo cambian en lugar de autocompadecerse.

Sienten un absoluto bienestar con quienes son y, cuando miran hacia su interior, se perciben de forma positiva y siempre con cariño. Su autoestima es muy sana y, cuando las circunstancias las llevan de algún modo a autopercibirse un poco más negativamente, saben qué hacer para recuperar su autoestima.

Son perfectamente conscientes de sus propias fortalezas y debilidades, es decir, no se consideran mejores ni peores que nadie en general, pero sí saben en qué destacan y en qué dependen de otros más hábiles.

No buscan la perfección porque saben que no es posible. Al contrario, aceptan que no son buenas en todo y se focalizan en aquello que se les da especialmente bien, porque saben que de ahí obtendrán mucha más felicidad que de sus debilidades.

Sin embargo, persiguen la mejora constante y, ante cada fallo, se ríen de sí mismas y extraen una lección. Saben que la vergüenza nos las llevará a ninguna parte y exprimen todo lo que pueden de la vida.

Hábito 9: Se responsabilizan de su vida

Es raro que las oigas protestar o quejarse. Cuando algo no les gusta, deciden si les compensa el esfuerzo de tratar de cambiarlo y, si es así, lo cambian. Y si no les compensa, saben que con lamentos tampoco ganarán nada.

Jamás verás a una de estas personas haciéndose la víctima… son alérgicas al victimismo.  La autodestrucción es el extremo de la falta de inteligencia emocional, así que ya sabes a quiénes no oirás nunca insultarse a sí mismas.

Reconocen responsablemente las consecuencias de sus acciones y no tratan de culpar a nadie de lo que ellas mismas han provocado. Cuando sus acciones tienen consecuencias negativas, toman decisiones para tratar de solucionar la situación y, si la situación no es remediable, saben cuándo y cómo disculparse y extraen un aprendizaje de lo ocurrido.

Se responsabilizan de sus propios sentimientos y nunca utilizan expresiones del tipo “me has hecho sufrir”… saben que, independientemente de las buenas o malas intenciones de la otra persona, sobre sus propios sentimientos nadie más que ellas tienen el poder.

Obtienen el máximo partido de sus emociones constructivas… y saben exactamente qué hacer con sus emociones destructivas para que no destruyan su felicidad ni la de quienes las rodean.

Asumen compromisos en su vida, pero sólo aquellos que están dispuestas a cumplir. Y hay un compromiso en particular que nunca abandonan: el compromiso con una vida plena.


30Kcoaching,com



991770977 Lima